El siglo XXI avanza con un paso vertiginoso, la educación se encuentra en una etapa en la que disputa una carrera desigual por alcanzar a las herramientas que la tecnología nos pone en el ruedo. Las nuevas generaciones de niños y jóvenes traen consigo una adaptación casi genética a las tecnologías que surgen a diario, su utilización y lenguaje, pero los docentes llevamos la carga de adaptarnos a las mismas, siempre varias generaciones atrasados.
Cuando un docente logra a base de grandes sacrificios y restando horas al descanso y la familia avanzar un paso en el camino tecnológico, la industria le saca diez pasos de ventaja, estos pasos son fácil y naturalmente alcanzados por los jóvenes, los mismos manejan el lenguaje metafórico ideado de manera inteligente para lograr su rápida asimilación por parte de ellos, pero que por una extraña paradoja no lo es para las generaciones anteriores.
La necesidad de un cambio de paradigma es vital para no quedar en desventaja permanente ante tamaña avalancha de medios novedosos, un enfoque nuevo y móvil, adaptar la dialéctica y el intercambio tecnológico.
Es posible que esta encrucijada en la que estamos sea una oportunidad que, si sabemos aprovechar deje trazado el camino hacia el futuro, el mismo en que nos encontremos los educadores al menos a la par sino adelante de las generaciones jóvenes; Darle la mano a las TIC de nosotros depende.

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